El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, emitió su voto en São Bernardo do Campo y manifestó su confianza de cara a una jornada electoral decisiva para el futuro político e institucional de la mayor economía de América Latina.
El mandatario del Partido de los Trabajadores, de 80 años, busca acceder a su cuarto período presidencial en unos comicios signados por una marcada polarización social. Acompañado por figuras de su coalición como el vicepresidente Geraldo Alckmin, las candidatas al Senado Marina Silva y Simone Tebet, y Fernando Haddad, Lula instó a los ciudadanos a acudir a las urnas pensando en el futuro del país y contrapuso el modelo democrático frente a las posturas negacionistas que amenazan los derechos conquistados.
En esta primera vuelta, las encuestas proyectan una disputa ajustada en la que ninguno de los principales aspirantes alcanzaría el 50% de los sufragios requeridos para evitar el balotaje. La jornada electoral moviliza a más de 150 millones de votantes desde la región amazónica hasta los centros urbanos del sur, en un escenario donde el oficialismo defiende la estabilidad de sus indicadores económicos y sus políticas sociales frente a la oposición conservadora liderada por el senador Flávio Bolsonaro.
Con el cierre de mesas previsto para las 17 horas, la jornada pone a prueba la solidez del sistema institucional brasileño frente a los discursos que intentan profundizar las brechas sociales. Un eventual balotaje, fijado para el 25 de octubre, determinará si el país consolida su rumbo soberano y democrático o cede ante la presión de la extrema derecha que busca desarticular los avances populares.
