La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el balotaje presidencial desató una reacción inmediata de alta volatilidad en los mercados financieros de Brasil. En la primera rueda posterior a los comicios, la Bolsa de Valores de San Pablo (B3) debió congelar sus operaciones de manera preventiva durante 30 minutos al registrarse derrumbes masivos en las cotizaciones, un mecanismo de interrupción automática de la operatoria que no se utilizaba desde el estallido de la pandemia en 2020.
Una vez reanudado el esquema de negociaciones, el índice Ibovespa —el principal indicador bursátil de América Latina— consolidó retrocesos superiores al 15%. De manera simultánea, la moneda local experimentó una fuerte depreciación, con una devaluación del real de alrededor del 12% frente al dólar en el mercado al contado, acompañada por un marcado incremento en los futuros de tasas de interés.
La tensión se trasladó de inmediato al plano internacional. En Wall Street, el fondo cotizado iShares MSCI Brazil ETF (EWZ), que reúne a las firmas brasileñas de mayor capitalización bursátil, llegó a registrar desplomes de hasta un 27% durante el premarket. Asimismo, activos emblemáticos sufrieron duros reveses: los títulos preferentes de la petrolera estatal Petrobras retrocedieron un 12%, mientras que las acciones del Banco Itaú cedieron un 15%.
El impacto financiero sucede tras una contienda electoral altamente polarizada en la que Da Silva obtuvo el 51,78% de los sufragios frente al 48,22% de Flávio Bolsonaro, revirtiendo el escenario de la primera vuelta. La reacción de los operadores refleja la cautela y la incertidumbre del sector privado respecto a la orientación de la política económica y fiscal que ejecutará el gobierno entrante en la principal economía de la región.
