Israel atraviesa una jornada electoral decisiva bajo un contexto de máxima tensión geopolítica e interna. Más de 7,3 millones de ciudadanos acudieron a las urnas en unos comicios marcados por registros de participación récord —superando el 66,7% hacia la tarde— en lo que representa la primera compulsa nacional tras los acontecimientos del 7 de octubre de 2023. La votación definirá la continuidad de Benjamin Netanyahu en el poder o la irrupción del exjefe militar centrista Gadi Eisenkot.
El primer ministro, de 77 años, busca revalidar su liderazgo argumentando su experiencia en materia de seguridad y su alineamiento estratégico con la administración estadounidense. Sin embargo, enfrenta duras críticas por la gestión de las fallas defensivas, el costo político-económico de las operaciones militares regionales y las fricciones internas con sectores ultranacionalistas por la exención del servicio militar a sectores ultraortodoxos. En medio del acto comicial, Netanyahu denunció supuestas irregularidades, las cuales fueron calificadas como hechos aislados por las autoridades electorales.
Competencia ajustada y un Parlamento fragmentado
Por su parte, la candidatura de Gadi Eisenkot se consolida sobre la promesa de conformar una comisión independiente para investigar las vulnerabilidades de seguridad de 2023 y la contención de la violencia en Cisjordania. Los sondeos proyectan un escenario paritario en el parlamento de 120 bancas (Kneset), donde alcanzar el piso de 61 escaños requerirá de complejas negociaciones de coalición.
Con fuerzas de centro, derecha y bancadas de la minoría árabe como probables llaves de gobernabilidad, el escrutinio definitivo y la posterior conformación del Ejecutivo podrían demandar semanas. El resultado determinará no solo la conducción del gobierno, sino la validación de la sociedad al rumbo militar y político adoptado por el Estado israelí en los últimos tres años.
