En una nueva muestra de confrontación en el escenario internacional, la delegación oficial de Cuba se retiró del recinto de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas tras las duras descalificaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien calificó al gobierno del país caribeño como un «Estado fallido y fracasado».
El mandatario estadounidense utilizó el estrado del organismo multilateral para lanzar una severa embestida contra la conducción política de La Habana, asegurando que el sistema vigente se encuentra bajo una presión inédita y pronosticando su inminente caída. La reacción diplomática de la representación cubana fue inmediata: los diplomáticos se levantaron en bloque y dejaron sus asientos vacíos mientras el jefe del Salón Oval continuaba con su alocución.
Sin alterar el tono de su discurso, Trump remarcó que las gestiones respecto al futuro político de la isla están a cargo de su secretario de Estado, Marco Rubio. En ese sentido, acusó a la administración cubana de coordinar acciones con sectores radicales de izquierda dentro de territorio norteamericano, al tiempo que advirtió que Washington no tolerará plataformas adversarias cerca de sus fronteras.
El cruce con la diplomacia cubana se dio en el marco de una presentación donde el mandatario reafirmó su doctrina de presión directa en la política exterior, incluyendo tajantes ultimátums sobre el programa estratégico de Irán y el posicionamiento de la potencia norteamericana frente a los conflictos globales.
