Un nuevo estudio de opinión pública de la consultora CB Global Data expone la profunda fractura política y territorial que atraviesa al país. Al medir la imagen positiva y negativa del presidente Javier Milei y del gobernador bonaerense Axel Kicillof en las 24 jurisdicciones, el relevamiento revela una Argentina dividida en dos modelos irreconciliables, donde la aprobación de las gestiones queda condicionada por la geografía y el sesgo regional.
El informe, elaborado a partir de 24.570 casos relevados en septiembre de 2026, muestra que el mandatario nacional supera en imagen positiva a Kicillof en 13 provincias, mientras que el referente opositor predomina en las 11 restantes. Sin embargo, más allá de la ventaja numérica a favor de la Casa Rosada, los datos reflejan un marcado desgaste institucional y niveles de rechazo que superan el 50% en varios distritos clave.
El contraste de los bastiones electorales
Los extremos del mapa político exponen la brecha ideológica que condiciona la gobernabilidad:
- Mendoza y Córdoba (Fuerza del oficialismo nacional): Mendoza es el principal bastión de Milei, con un 53,7% de imagen positiva frente a un 73,1% de imagen negativa para Kicillof. Córdoba replica este escenario: el Presidente alcanza un 52,5% de aprobación, mientras que el gobernador bonaerense se hunde en el fondo de la tabla con apenas un 19%.
- Santiago del Estero y Formosa (Hegemonía opositora): En el sentido inverso, Santiago del Estero registra el pico más alto de aprobación para Kicillof (52,8%) y el suelo más bajo para Milei (20,2%). Formosa exhibe una tendencia similar, con un 44,8% para el dirigente peronista frente al 21,8% del mandatario libertario.
- Santa Fe y la franja central: En la provincia de Santa Fe, el Presidente cosecha un 40,5% de valoración favorable frente al 27% de Kicillof. Si bien la diferencia favorece al Ejecutivo nacional, la cifra está lejos de los techos registrados en 2023, evidenciando el impacto de la crisis socioeconómica en el electorado del centro del país.
El estudio pone de manifiesto que, lejos de lograr consensos mayoritarios, la dirigencia política continúa aferrada a esquemas de confrontación que fragmentan al electorado y condicionan la estabilidad institucional de las provincias.
