La escalada bélica en Medio Oriente amenaza con asestar un nuevo golpe a la economía mundial y a la mesa de los consumidores. Desde el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas, su director ejecutivo adjunto, Carl Skau, advirtió que la intensificación de las hostilidades en Yemen y los recurrentes ataques de los rebeldes hutíes contra buques mercantiles ponen en severo riesgo un corredor por el que transita cerca del 12% del comercio marítimo global.
El conflicto en el estrecho de Bab el-Mandeb y el mar Rojo obliga a las navieras internacionales a desviarse rodeando el continente africano para conectar Europa y Asia. Esta alteración logística añade hasta tres semanas adicionales de navegación, dispara el consumo de combustible, encarece de forma drástica los seguros de altamar y presiona de manera directa sobre la cotización internacional del petróleo. La saturación paralela en el estrecho de Ormuz configura un cuadro de estrangulamiento comercial que amenaza con encarecer los fletes de exportación e importación, con impacto directo en los precios finales de los alimentos en todo el planeta.
Más allá del cimbronazo en los mercados internacionales, la situación humanitaria dentro de Yemen alcanza niveles críticos. Según los datos relevados por el organismo de la ONU, cerca de 18 millones de personas padecen inseguridad alimentaria aguda en territorio yemení. Los recortes en los fondos de asistencia internacional combinados con la interrupción de los flujos de abastecimiento consolidan un escenario de fragilidad extrema, donde la logística comercial se ha convertido en el principal cuello de botella de la inflación alimentaria global.
