Con despliegue mediático, recorridos por la Casa Blanca y una visita a los Archivos Nacionales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder del régimen chino, Xi Jinping, concluyeron en Washington una cumbre de Estado marcada por las demostraciones de diplomacia personal y la parquedad en cuanto a compromisos concretos. Pese al tono optimista vertido por la administración estadounidense, el encuentro entre las dos potencias globales dejó en evidencia la falta de avances tangibles en materia de intercambio comercial, competencia tecnológica y seguridad en inteligencia artificial.
Durante la última jornada de la visita, los mandatarios compartieron un encuentro formal en la Casa Blanca junto a las primeras damas, Melania Trump y Peng Liyuan, ocasión en la que Xi propuso dar continuidad a las conversaciones en la cumbre de la APEC en China y la reunión del G20 en suelo norteamericano. A su turno, Trump calificó de «muy productivas» las reuniones bilaterales de 90 minutos en las que se abordaron conflictos geopolíticos como la guerra en Ucrania, la situación en Medio Oriente y la península coreana, aunque la Casa Blanca omitió precisar detalles o resoluciones operativas.
Entre el marketing político y las tensiones estructurales
La agenda oficial incluyó un recorrido guiado por Trump a los Archivos Nacionales para exhibir documentos históricos como la Declaración de Independencia y la Constitución de Estados Unidos, en el marco de los preparativos por el 250° aniversario de la nación norteamericana. Sin embargo, el protagonismo de la escenografía institucional no logró ocultar las fricciones de fondo entre ambas naciones:
- Vacío en regulación tecnológica: A pesar de los debates sobre el impacto de la inteligencia artificial, las conversaciones no arrojaron marcos regulatorios ni límites normativos bilaterales, limitándose el mandatario estadounidense a proponer discursivamente el término «superinteligencia».
- Silencio en materia comercial: Tras la cena de gala con referentes de las corporaciones tecnológicas, las comitivas no anunciaron ningún tratado de desescalada en las barreras arancelarias ni medidas de fondo en la disputa por Taiwán o las líneas de abastecimiento industrial.
El cierre de la gira ratifica una dinámica en la que las dos principales economías del mundo apuestan a la gesticulación de alto nivel para gestionar la desconfianza mutua, postergando la resolución de disputas estructurales para futuros foros multilaterales.
