La estabilidad en el mar Rojo volvió a saltar por los aires. En lo que representa la embestida militar más sangrienta de los últimos cuatro años, las milicias rebeldes hutíes lanzaron una masiva ofensiva en Yemen que ya se cobró la vida de al menos 129 personas. El objetivo central de la operación, respaldada por Irán, es tomar el control operativo de las zonas costeras colindantes con el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, un punto neurálgico para el comercio marítimo global y la exportación de crudo.
El colapso definitivo de la tregua acordada en 2022 entre el gobierno yemení —respaldado por Arabia Saudita— y los rebeldes del norte se vio acelerado por la escalada geopolítica en la región. Las milicias desataron ataques terrestres combinados con fuego de artillería, cohetes y drones de ataque sobre las posiciones gubernamentales en la región de Taiz y en áreas próximas al litoral del mar Rojo.
Un nodo marítimo bajo la mira estratégica
La magnitud del conflicto expone la relevancia geopolítica del territorio en disputa y sus consecuencias sobre el comercio internacional:
- Víctimas en combate: Los enfrentamientos registran al menos 66 efectivos de las fuerzas gubernamentales muertos y 62 milicianos hutíes abatidos, además de víctimas civiles en zonas de combate.
- Control de Bab el-Mandeb: Tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, la vía de Bab el-Mandeb quedó configurada como la principal ruta de salida para las exportaciones petroleras saudíes hacia Europa y Asia a través del canal de Suez.
- Ofensiva de cerco: Aunque los hutíes dominan la ciudad portuaria de Hodeida, buscan extender su dominio territorial hacia el extremo sur para consolidar un bloqueo marítimo efectivo sobre las rutas de navegación internacionales.
La ruptura de los acuerdos de paz devuelve a Yemen a un estado de confrontación total, amenazando con paralizar el tráfico de combustibles y mercaderías a escala global mientras se intensifican los combates en el mar Rojo.
