La tan anunciada recuperación económica vuelve a chocar contra la dura realidad de las calles santafesinas y del resto del país. Según el último informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas pymes registraron en septiembre un incremento interanual prácticamente insignificante del 0,3% en términos reales, desplomándose un 1,2% en comparación con agosto. Con este resultado, el comercio minorista acumula un dramático retroceso del 2,1% en lo que va de 2026, dejando al descubierto el agotamiento del poder adquisitivo de las familias.
La cautela extrema de los consumidores se refleja en la postergación sistemática de gastos de mayor volumen y en la priorización estricta de bienes de primera necesidad. Salvo por repuntes estacionales en rubros como Indumentaria (5%) y Calzado (3,5%), sectores clave registraron caídas alarmantes: Alimentos y bebidas se hundió un 3,1% e Insumos para el hogar un 3,4%. Mientras el comercio digital crece un 19,4% interanual empujado por la búsqueda desesperada de promociones y cuotas cortas, la venta en locales físicos continúa sumida en un estancamiento que asfixia a los comerciantes de la región.
Frente a la constante presión sobre los costos de reposición, la competencia desleal y los altos costos operativos, el empresariado pyme opera sin margen de maniobra. Más del 55% de los comerciantes considera que no es momento para realizar inversiones y muchos optan por sacrificar su rentabilidad con tal de obtener liquidez inmediata para sostener sus persianas abiertas, en medio de una inacción oficial que deja al sector productivo a su suerte.
