Durante su participación en la tercera edición del Foro Agroindustrial Argentino (Faro), celebrado en los salones de Puerto Norte en Rosario, el reconocido politólogo e investigador de la Universidad de Lisboa, Andrés Malamud, analizó las oportunidades de inserción internacional para la Argentina en un escenario global inestable. El especialista remarcó que el país atraviesa una modificación estructural de su geografía económica, donde los nuevos complejos exportadores comienzan a descentralizar la histórica hegemonía del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
Malamud señaló que, si bien el sector agropecuario continúa consolidado como uno de los pilares fundamentales en la generación de divisas, la matriz productiva nacional experimenta un proceso de diversificación virtuoso al articularse con la minería —mediante el cobre y el litio—, los hidrocarburos provenientes de Vaca Muerta y el desarrollo de la economía del conocimiento. “La geografía económica está cambiando y los nuevos complejos exportadores desplazan el centro”, enfatizó el especialista, destacando que estas nuevas actividades reducen la alta vulnerabilidad climática que históricamente caracterizó a la economía argentina y trasladan el motor del desarrollo hacia las provincias y la periferia territorial.
Resiliencia geopolítica y el desafío de la sustentabilidad interna
En el plano internacional, el analista abordó el impacto de las tensiones globales y la disociación entre seguridad y economía. En contraposición a la visión tradicional que evaluaba la distancia geográfica de la Argentina como un factor negativo, Malamud sostuvo que, en un mundo atravesado por disputas comerciales y conflictos bélicos en regiones estratégicas, la lejanía respecto de los focos de conflicto se transforma en una ventaja comparativa de resiliencia, ubicando al país en condiciones similares a naciones como Australia o Nueva Zelanda.
No obstante, el politólogo advirtió sobre la brecha existente entre la disponibilidad de recursos naturales y la capacidad de transformación interna. Mientras los polos productivos se consolidan en el interior —con el complejo agroindustrial en la región centro, el polo energético en la Patagonia y la minería en el norte cordillerano—, el AMBA continúa concentrando cerca del 40% de la población y los principales desafíos socioeconómicos. Ante este panorama, la gran incógnita planteada ante los mercados internacionales radica en la capacidad de la dirigencia para garantizar la sustentabilidad política y social de una transición que demanda articular la riqueza exportadora con el desarrollo equitativo del país.
