Un devastador aluvión provocado por un fenómeno de desborde repentino (flash flood) arrasó este jueves con sectores clave de la comuna de Las Condes en Santiago de Chile, dejando un saldo provisorio de seis heridos —entre ellos un bebé de un año con fractura—, más de 2.000 viviendas afectadas y 200 hectáreas cubiertas de lodo y escombros. Tras la emergencia, el Ejecutivo chileno decretó la zona de catástrofe ante el colapso de vías principales y la parálisis de servicios básicos, desplegando equipos del Ejército, Bomberos y Carabineros para asistir a más de 1.000 damnificados en medio de un escenario de destrucción masiva.
El origen del desastre combina factores climáticos y la falta de mantenimiento hidráulico preventivo. Según las autoridades locales, el evento se desencadenó tras la acumulación de 144 milímetros de agua y el presunto taponamiento del canal subterráneo encargado de desaguar la quebrada precordillerana, lo que generó un alud de barro, sedimentos y rocas que arrastró postes, árboles y decenas de vehículos. La masa de lodo llegó a inundar centros de salud, establecimientos educativos y subterráneos, dejando a miles de personas aisladas y sin suministro eléctrico.
Las críticas de los ciudadanos se centran en la ausencia total de alertas tempranas y la vulnerabilidad de las obras públicas frente a eventos extremos. Testimonios impactantes —como el de los pasajeros de un colectivo urbano arrastrado varias cuadras por la corriente— grafican el terror vivido por los vecinos, quienes denunciaron la falta de aviso oficial. Mientras las autoridades prometen despejar las rutas durante el fin de semana, el episodio vuelve a reabrir el debate técnico e institucional sobre los riesgos del desarrollo inmobiliario precordillerano sin las obras de drenaje e infraestructura adecuadas.
