En el marco de la última jornada de su visita oficial a Francia, el papa León XIV recorrió esta mañana las calles del centro de París a bordo del papamóvil antes de presidir una misa multitudinaria en la Plaza de la Concordia, en un evento que movilizó a cerca de 700.000 asistentes y paralizó el corazón de la capital francesa.
El trayecto de dos kilómetros, que abarcó desde los Campos Elíseos hasta el histórico enclave republicano, se concretó bajo un despliegue de seguridad excepcional. Las autoridades policiales impusieron perímetros de exclusión vehicular, clausura de estaciones de metro, controles estrictos con código QR y la revisión exhaustiva del público. Las severas restricciones de acceso —que prohibieron el ingreso con equipajes o bultos sin disponer de consignas de resguardo— expusieron el grado de blindaje estatal desplegado en una nación constitucionalmente laica.
La liturgia, dedicada a la Virgen María y concelebrada por 2.400 sacerdotes, un centenar de obispos y un mega despliegue coral, congregó a creyentes y espectadores en un país donde la práctica religiosa habitual viene en retroceso. La masiva convocatoria vuelve a poner sobre el tapete la capacidad de convocatoria de la Santa Sede, el costo logístico de estos megaeventos en el espacio público y las complejas tensiones entre la neutralidad institucional del Estado galo y las demostraciones de fervor confesional en las calles.
