El impacto del cambio climático y la furia del fenómeno de El Niño volvieron a golpear con dureza a la región ribereña. En las últimas horas, las autoridades paraguayas confirmaron la evacuación de más de 600 familias en los departamentos de Alto Paraná, Misiones y Ñeembucú, como consecuencia del violento desborde del río Paraná. La situación habitacional en zonas fronterizas con Argentina y Brasil es crítica, con barrios enteros completamente tapados por el agua.
La magnitud del caudal hídrico obligó a tomar medidas operativas de emergencia en las grandes obras de infraestructura de la cuenca. Tanto la central binacional de Itaipú como la represa de Yacyretá debieron abrir sus compuertas para liberar la presión sobre sus embalses, una maniobra inevitable que acelera la bajada de la masa de agua hacia el sur. Paralelamente, la Dirección Nacional de Migraciones dispuso la inhabilitación temporal de 14 pasos fronterizos fluviales debido a los anegamientos.
El escenario en el país vecino constituye un antecedente directo que mantiene en estado de vigilia a las provincias del Litoral argentino, incluida Santa Fe. Las estimaciones oficiales proyectan que el impacto de El Niño mantendrá una fuerte intensidad durante los próximos meses, reavivando el debate sobre la vulnerabilidad de las poblaciones costeras y la urgencia de coordinar políticas de mitigación hídrica a escala regional antes de que la crecida golpee los puertos locales.
