Tras cuatro días de internación en el Hospital Gemelli de Roma, el papa León XIV recibió el alta médica y abandonó el establecimiento a pie luego de ser intervenido por un adenocarcinoma pulmonar. La rápida externación del pontífice de 71 años fue confirmada por la oficina de prensa del Vaticano tras los satisfactorios resultados de los análisis clínicos y la radiografía de tórax. Pese a que el Santo Padre prevé retomar sus actividades públicas este domingo con el rezo del Ángelus, la pronta intervención quirúrgica —en la que se le extirpó el lóbulo inferior del pulmón derecho— abre un manto de incertidumbre sobre el ritmo de su pontificado y la exigencia de sus compromisos internacionales.
Durante su breve estancia hospitalaria, el pontífice nacido en Chicago buscó transmitir una imagen de control y autonomía al continuar con su agenda de trabajo, la cual incluyó ejercicios de fisioterapia respiratoria, reuniones con su jefe de gabinete e incluso un contacto telefónico con el presidente ruso Vladimir Putin para interceder por la crisis humanitaria en Ucrania. No obstante, el equipo médico aguarda el análisis de la composición molecular del tumor para determinar si el cáncer se ha diseminado o si requerirá tratamientos profilácticos complementarios. La cautela médica choca con la prisa institucional por mostrar un liderazgo pleno en medio de un escenario global atravesado por severos conflictos.
La principal incógnita gira ahora en torno a la viabilidad de su primer viaje apostólico a América Latina, programado del 6 al 17 de noviembre con escalas en Argentina, Uruguay y Perú. El ambicioso itinerario —que implica 14 vuelos y desplazamientos por 10 ciudades— está siendo severamente cuestionado por el propio entorno vaticano, encabezado por el secretario de Estado Pietro Parolin, ante el enorme desgaste físico que supondría para el pontífice. Mientras desde los gobiernos locales admiten probables reprogramaciones, la decisión final dependerá de los informes oncológicos definitivos, exponiendo la vulnerabilidad del poder central de la Iglesia frente a los imponderables de la salud.
