Un nuevo golpe a la estructura productiva del sur santafesino pone en evidencia las consecuencias del escenario macroeconómico actual sobre la industria local. La empresa Adient Automotive Argentina SRL formalizó el cierre definitivo de su planta industrial situada en Pueblo Esther, sobre la Ruta Provincial 16, lo que derivará en la desvinculación inmediata de 70 operarios.
La firma, radicada a escasos 25 kilómetros de Rosario, era la encargada de abastecer de forma directa las butacas para la Chevrolet Tracker que General Motors ensambla en su complejo de Alvear. A partir de la próxima semana —que marcará el cese definitivo de la actividad industrial en el predio—, Adient modificará de raíz su modelo de negocios: mantendrá el suministro a General Motors, pero sustituirá la producción santafesina por componentes importados directamente desde sus plantas en Brasil.
El desenlace, que había tenido sus primeros indicios en mayo y fue notificado formalmente al personal durante septiembre, expone la pérdida paulatina de escala que venía sufriendo la planta. De acuerdo con registros del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata), la dotación de personal experimentó un declive sostenido desde 2019. En su período de máxima capacidad operativa, la fábrica empleaba a 230 trabajadores y abastecía no solo a General Motors, sino también a la terminal de Honda en Campana para el modelo HRV.
La ecuación cambiaria y la brecha competitiva
Detrás de la decisión operativa de Adient —compañía multinacional gestada en 2016 tras desprenderse de Johnson Controls— subyace una ecuación económica crítica. Los balances del grupo financiero determinaron que resulta sustancialmente más rentable importar las estructuras acabadas desde Brasil que sostener el proceso manufacturero local, aun cuando la planta de Pueblo Esther se encontraba ubicada a pocos minutos de distancia de la ensambladora de Alvear.
Entre los factores determinantes para el desmantelamiento de la cadena productiva local convergen la contracción del mercado interno, las condiciones cambiarias vigentes y las facilidades normativas para el ingreso de bienes terminados desde el exterior.
Por su parte, el cierre de la autopartista contrasta con la situación inmediata de General Motors en Alvear, terminal que tras atravesar un período de suspensiones periódicas logró retomar la producción continua a mediados de agosto. Mediante un esquema acordado con Smata de jornadas de seis horas diarias, la automotriz busca sostener sus volúmenes proyectados. Sin embargo, la reestructuración de su cadena de valor local deja al descubierto una paradoja estructural: la ensambladora nacional mantendrá su ritmo de trabajo, pero sustentada en autopartes importadas y a costa de la pérdida de puestos de trabajo industriales en la provincia de Santa Fe.
